Concepto pavloviano del dolor

Hasta Pavlov se admitía que el centro del dolor estaba en los núcleos de la base del cerebro: el tálamo óptico. Pavlov y su escuela demuestran que el dolor es una sensación y que la percepción de las sensaciones se realiza en la corteza cerebral. Los trabajos de Erofeeva son el punto de partida y la demostración de esta afirmación. Erofeeva excitaba con una corriente eléctrica de alta tensión la piel de la pata de un perro. Esto normalmente produce quemaduras y da lugar a reacciones motoras de defensa. Repetía durante un tiempo la excitación a la vez que le daba de comer al perro. Al cabo de un tiempo, la corriente eléctrica se había transformado en el excitante de la secreción salival. Un excitante normalmente doloroso se había transformado en el excitante no doloroso de la secreción salival. Los excitantes condicionados y los reflejos condicionados son funciones exclusivamente de la corteza cerebral. La palabra, segundo sistema de señales de Pavlov, puede transformarse en excitante condicionado doloroso o no. Además de la experiencia que acabamos de relatar hay un ejemplo muy conocido: el del soldado que en plena batalla no siente dolor de las heridas. Mientras la corteza está concentrada en la lucha por la vida, la sensación del dolor no aparece; pero basta que la excitación cortical disminuya, es decir, que descienda el umbral de excitación de la corteza cerebral, para que el dolor se haga presente. El vulgar dolor de muelas es un ejemplo. Durante el día pasa prácticamente inadvertido. Pero, llega la noche y se hace insoportable. La única diferencia entre el día y la noche está en el diferente estado funcional de la corteza: activa durante el día, inactiva durante el sueño. Todo ello nos demuestra la importancia de la corteza cerebral en la percepción del dolor.

En esta forma llegamos a la concepción del dolor en el parto. Es indudable que el dolor del parto tiene una base anatómica. Está demostrado y es conocido por los parteros, que la dilatación del cuello del útero, produce dolor. Sobre este dolor, sobre este reflejo incondicionado doloroso, se han injertado otros: un reflejo condicionado, psi-cógeno, en el cual juega un papel importante la educación y la vinculación de la mujer al medio ambiente. Durante siglos se consideró al dolor del parto como consecuencia de la contracción uterina. En lugar de estudiar el mecanismo de la contracción uterina e investigar las causas por las cuales la contracción se hace dolorosa, se tomó el camino de considerar el comportamiento de la parturienta durante la contracción. Se razonaba así: cuando el útero se contrae la mujer sufre. Por tanto la contracción es dolo-rosa. Y al cabo del tiempo las palabras CONTRACCION y DOLOR, se hicieron sinónimos. Desde entonces hablamos de los dolores del parto y no de las contracciones del parto. Pues bien. Durante el parto la parturienta percibe, a punto de partida de su aparato genital, una gran cantidad de excitaciones.

¿Cómo es que estas excitaciones se transforman en dolor?. Durante toda su vida la embarazada aprendió que la aparición de los dolores indicaban el comienzo del trabajo de parto. Cuanto más intensos son los dolores, más próximo está el fin del mismo. La madre, la partera, el médico, le han enseñado de la necesidad de esos dolores para dar a luz. La palabra, el segundo sistema de señales de Pavlov, que tiene una gran jerarquía en el hombre, ha actuado aquí como elemento condicionante. La percepción de las contracciones uterinas cierra el arco reflejo: contracción-dolor, y éste aparece realmente.

Por tanto en el dolor del parto podemos considerar dos componentes:

A) un elemento biológico: que representa el trabajo uterino, la contracción, que es el verdadero motor del parto.

B) un factor adquirido por la especie humana, condicionado por la propia historia del hombre, por la propia vida de cada individuo.

A través del tiempo, al factor local, uterino, se han ido agregando los factores adquiridos-factores emocionales que se han hecho cada vez más importantes, hasta predominar e imprimir al parto el carácter de sufrimiento. Entre estos elementos emocionales predominantes debemos considerar:

A) El miedo. Como consecuencia del desarrollo de la sociedad humana, de la facilidad de transmisión de las ideas y de los hechos la mujer ha ido aprendiendo junto a la historia del desarrollo de los pueblos, la historia del desarrollo de la maternidad, del desarrollo de la obstetricia. Esto forma su bagaje ancestral, histórico.

Pero además, la mujer trae al parto sus propios miedos, sus propios problemas: miedo al futuro, económico, social y biológico de ella y su hijo. Pero este miedo se encuentra reforzado por la ignorancia que ella tiene del desarrollo del embarazo y del parto. Sigue siendo tabú su enseñanza en las escuelas y liceos. Todo lo que aprende se conjuga para consagrar la necesidad del sufrimiento para el parto.


"Es un trance difícil por el que hay que pasar" "Para valorar un hijo no hay como pasar por el parto" Todo tiende a fijar como inseparable el dolor del parto. Es necesario recalcar que una mujer en trabajo de parto no es sólo un útero que se evacúa, sino que es un ser humano pensante, que actúa. Y ese ser humano llega al parto con todos sus problemas; afectivos, sociales, económicos y morales.

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