El concepto pavloviano del dolor

Hasta hace poco tiempo, se enseñaba que el dolor tenía su centro en una formación nerviosa que está situada en la base del cerebro: el tálamo óptico.

Pávlov y su escuela demostraron que el dolor es una sensación y por lo tanto el órgano de percepción del mismo es la corteza cerebral, y que depende del estado de esa corteza que la sensación dolorosa se registre con mayor o menor intensidad. En efecto, la corteza cerebral puede pasar por estados o faces diversas que hacen que una pequeña excitación se registre apenas o, por el contrario, se registre aumentada en grado máximo. Pávlov describió cuatro estados diferentes del cerebro, estados que pueden ser inducidos, o para mayor claridad, provocados.

El punto de partida de esta afirmación fue la experienda realizada por una discípula de Pávlov: si a un perro se le toca la piel de la pata con una corriente eléctrica que normalmente produce dolor, el animal se defiende. Pero si a ese mismo animal, hambriento, se le toca la pata con la corriente eléctrica cada vez que se le da la comida, llega un momento en que la corriente no despierta más la sensación de quemadura o de dolor, sino que provoca la secreción de la saliva. Un excitante doloroso se ha transformado así en el excitante de la secreción salivar. ¿De qué depende este fenómeno? Del estado de hambre del animal. Toda su atención está dirigida hacia la satisfacción de su hambre y la asociación del excitante doloroso (corriente eléctrica), a la presencia de la comida, terminó por •'borrar" la sensación dolorosa y transformarla en la excitante de la secreción salivar (ver Fig. 6). Pongamos algunos ejemplos. Es muy conocido el hecho de que un soldado en plena batalla, o un sujeto en una pelea, no se percate de que está herido y no sufra hasta el momento en que es retirado del campo. Mientras peleaba toda su atención está puesta en la defensa de su vida y ninguna sensación llega a registrarse en el cerebro. Pero cuando el peligro pasa, entonces percibe perfectamente el dolor y sufre. La corteza cerebral está en un estado especial, que le impide percibir la sensación dolorosa. En nuestro medio, donde el fútbol es tan corriente, es común oir decir cuando un jugador ha sufrido una pequeña esguince o un desgarramiento: cuando empezó a "enfriarse" el dolor era intenso. Es decir que mientras jugaba no sentía el dolor, pero cuando estuvo en reposo se hizo presente. ¿Que es lo que ha cambiado? Mientras jugaba, toda la atención estaba puesta en el juego y no percibía el dolor. Cuando dejó de jugar, su atención se dirigió hacia la lesión y empezó a percibir el dolor cada vez más intensamente.

En resumen: el cerebro es como una "pantalla receptora" de la sensación dolorosa. Según su estado funcional la sensación puede ser percibida aumentada hasta el máximo o disminuida en tal grado, que se hace apenas perceptible o no se percibe en absoluto.

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